domingo, 16 de agosto de 2009

Callejeros va a tocar

Hasta la próxima
“La banda es inocente, ojalá en el juicio salga todo bien”. La frase se escuchó algunas veces, cuando los medios sacaron el tema a la salida del recital que durante dos horas brindó Callejeros para 15 mil personas en el predio del Club Estudiantes de Olavarría. Pero no se repitió tanto como se especulaba. Tanto arriba, como abajo del escenario la energía fue positiva. No hubo palabras de despedida y solo algunas lágrimas sobre el final; a cuatro días de la sentencia del juicio por la tragedia de Cromañón, solo se recordó a las 194 víctimas con canciones, globos y cantos, pero no se habló de penas, ni de condenas. Cuando el sol ya se había escondido y “callejeros” de todo el país ocupaban el terreno de 400 metros de largo, por 150 de ancho, “Pato” Fontanet dio comienzo al show que para algunos fue una despedida, para otros, una provocación y para la gran mayoría, solo un “hasta luego”. Sus palabras, escasas y esquivas, lo demostraron: “Así fue, así es y así será. Hasta la próxima”, dijo el líder del grupo en la recta final del encuentro, una de las pocas veces en las que habló. Desde las pantallas laterales, una imagen con la frase “Juzgado de los invisibles” era la única señal que, a simple vista, permitía recordar que un final está próximo. “Inocentes, inocentes”, corearon las 15 mil almas presentes, mientras volaban globos para recordar a los 194 seguidores del grupo de Villa Celina que el 30 de diciembre de 2004 perdieron la vida en el local de Once. Para ellos fue la primera canción, “Los invisibles”, con la que se desató el pogo, se desplegaron las banderas y se levantó la tierra del campo de deportes, al que por olvido, quizá, los organizadores no cubrieron con lonas como se suele hacer. El aliento de los seguidores se reflejó en las remeras, donde se leyó la tan repetida consigna “Basta de culpar a Callejeros”, los cantos -“Ni la bengala, ni el rocanrol, a nuestros pibes los mató la corrupción”- y panfletos repartidos a la salida del recital, donde por primera vez alguien, desde el papel instalaba el tema del juicio y hablaba de un Tribunal que el miércoles daría su veredicto. Cruzando las vallas Casi sin respiros, Callejeros cantó "Un viento mejor", "El lugar perfecto", "Sueño", "Presión", "9 de Julio", "Una nueva noche fría", "Tan perfecto que asusta", “Medallón naranja”, “Fantasía o realidad”, “Creo”, “Ilusión”, “No volvieron más”, “Prohibido”, “Sé que no sé”, “Ojalá se los lleve”, “Rompiendo espejos”, “Imposible” y otras 20 canciones. Como si se tratara de un peligroso grupo de fanáticos, la Policía montó un operativo riguroso en la entrada al predio: hasta las pertenencias más mínimas quedaron afuera, ocupando un container en el que los efectivos, con cara de pocos amigos, arrojaban hebillas, cinturones y encendedores. “Saquen la marihuana, chicos”, gritaron algunos vecinos, que aprovecharon los balcones de su casa para mirar el show. Tres veces, durante la espera, una voz indicó las salidas de emergencia -cinco de 18 metros cada una-, como si una y luego dos, no hubieran sido suficientes y los silbidos respondieron desde el campo en repudio a las reiteradas advertencias. La ciudad se inundó, por un día, de fanáticos que se instalaron en las plazas, campings y hoteles. En la terminal de ómnibus, tirados en el piso, tapados y enredados entre sí cientos de ellos esperaron un colectivo que los llevara de vuelta a sus vidas, con la duda presente, con la incertidumbre de no saber si ese sería el último ritual que compartirán junto a la banda.

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